Jeannine Achon

2013 "Ashé " in Varazdin

www.evarazdin.hr/.../

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2013

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Jeannine Achón's ‘Ashé’

by Justin Chambers (Cuba Absolutely)

‘The ashé is a deeply embedded concept in Cuban culture and spirituality; it is the primordial breath, the vital energy, the world's soul. It is a power made of pure energy. I tried to get a little bit closer to this symbolic world and share it through this series of abstract paintings named by some orishas, its deities. When I paint, I try to open doors and paths to the imagination. I don’t see it as a mirror, but as a passage, toward the others and our interiority.’ Jeannine Achón, April 2013. Zagreb

If you happen to be in Zagreb, Croatia later this month you have to see Jeannine Achón’s new exhibition, ‘Ashé’, curated by Ivan Mesek. I had the pleasure of knowing Jeannine for some years in Havana and she is both a very talented artist but a wonderful person


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2010

Jeannine Achón y las intermitencias del color

El pincel de esta pintora acompaña unas formas cada vez más abstractas, en las que el color insinúa el clima que requiere cada obra

Toni Piñera
digital@juventudrebelde.cu
1 de Enero del 2010

La obra de Jeannine Achón (La Habana, 1973) se presenta ante la mirada del observador desde el lugar en que convergen la sensibilidad, el misterio y la inteligencia.

En los trabajos que viene realizando en esta nueva etapa —expuestos recientemente bajo el título de Las intermitencias del color—, se observa una técnica que le permite a la artista incidir sobre la tela disfrutando nuevamente el placer del color, mientras que la libertad la guía en el encuentro de la mancha y la línea y en la distribución de luces y sombras que recorren las estancias de sus piezas. De este modo, intuitivo pero al mismo tiempo laborioso, encuentra el camino para ocupar con la razón, los espacios espontáneos que tiene la creación artística. Símbolos e imágenes se funden en un lenguaje donde año a año, el paso del tiempo le va otorgando la solidez de la experiencia.

Son 15 las piezas (acrílicos sobre tela) que «retozan» en la muestra Las intermitencias del color, donde la creadora juega con el título de una obra emblemática del coreógrafo Roland Petit (Las intermitencias del corazón), y sustituye los latidos del importante órgano por latigazos de color y gestos que otorgan movimiento a los trabajos, y nos lleva por caminos internos, desconocidos y, al mismo tiempo, cercanos, donde sentimos como las «venas» que se unen entre uno y otro cuadro, llevan una «sustancia» adentro: el color que cambia, se entremezcla como por unos vasos comunicantes de energía y sentimientos.

Porque Jeannine (graduada del Instituto Superior de Diseño Industrial, 1996) va consiguiendo aquí que sus cuadros representen un sentimiento y lo logra a través del trazo justo que da movimiento a la imagen. Surgen así líneas que a la manera de secciones organizan la lectura de la tela —cual un viaje— en su continuidad. De esta manera, se crea una tensión interna como resultado de un dibujo de contornos insinuados. La prolongación del trazo y el clima pictórico que lo rodea, sugieren la presencia de múltiples formas o de una sola en pleno impulso.

Todo aquello que se mueve a su alrededor, ya sea interno o externo, impresiona sus sentidos, y, luego, con rápidos gestos, pincel en mano, traduce en imágenes esas sensaciones que despliega en las telas para deleitar los sentidos. Cada uno de sus trabajos obliga a hacer una pauta, a leer de manera lírica el mensaje traído desde lo más profundo de su imaginación.

La artista, quien tiene a su haber las ilustraciones de más de diez libros de la editorial Gente Nueva, entre otros Poemas de La Edad de Oro, El canto de la cigarra, Diez cuentos africanos, al referirse a su pintura comentó a JR que cuando pinta «trato de abrir puertas y caminos hacia la imaginación del que está frente a la obra. No lo veo como un espejo, sino como un pasaje. A veces aparecen formas figurativas en lo abstracto. Son coincidencias, quizá intermitencias, y yo no las busco. Pero no las rechazo si aparecen».

El discurso estético de la pintora y diseñadora, posee, ante todo, una naturaleza eminentemente interna, llega desde lo más profundo de su ser. Pues, un cierto misticismo mueve los mecanismos creativos de Jeannine, donde los procesos mentales y materiales conforman un flujo indistinto. Cada nuevo cuadro nos introduce en una vivencia fantástica en la que la imaginación recrea una sucesión de cortes y quebradas. El pincel acompaña unas formas cada vez más abstractas y el color insinúa el clima que requiere cada obra. En algunos, una paleta fría y monocromática da cuenta de un sentimiento triste, en otras, las tonalidades se complementan creando un tiempo festivo. Todo alude a la presencia de una pasión ilimitada que late adentro (como ese corazón sugerido en el título de la muestra que se siente y no se ve) y que al compás de una música interna o externa —tal vez— interpreta en la escena de la blanca superficie, ya coloreada, una metáfora para la vida.

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2008

LOS LÍMITES DEL COLOR... Y LA VERDAD

Frente a las obras de la joven artista Jeannine Achon el espectador se pregunta si está ante una pintura o a un collage de formas, si la mancha de color está desordenada o disciplinada, si la poética se vincula al abstraccionismo o al constructivismo…
Ninguna de estas opciones son excluyentes, como el clásico aforismo zen “el vacío está lleno”, las piezas de Jeannine parecen reconciliar los opuestos, pues, la artista juega todo el tiempo con la indefinición, como si se construyera y deconstruyera al mismo tiempo todos y cada uno de los elementos constitutivos de sus pinturas.
La imagen de sus obras recientes tiene una clara filiación constructivista. Hay gestualidad en las manchas de color, pero las líneas horizontales y verticales que se insinúan por doquier sustentan una vigorosa estructura, casi como de hormigón armado. Es fuerte, pero apenas se nota.
Todo aquello que se mueve a su alrededor, ya sea interno o externo, impresiona los sentidos de la creadora. Luego, con rápidos gestos, pincel o creyón en mano, traduce en imágenes esas sensaciones que despliega en telas y cartulinas para deleitar los sentidos. Cada una de sus piezas obliga a hacer una pauta, a leer de manera lírica el mensaje traído desde lo más profundo de su imaginación.
El discurso estético de la pintora y diseñadora, posee, ante todo, una naturaleza eminentemente interna, llega desde los sentimientos. Pues, un cierto misticismo mueve los mecanismos creativos de Yanine, donde los procesos mentales y materiales conforman un flujo indistinto. Las piezas reunidas en su primera muestra personal titulada No mentir jamás, ofrecen una imagen precisa de los registros y climas que integran su poética.
En el acto creativo ha llegado a un punto intermedio, original y provocativo, en el que la forma sólida y la abstracción, se encuentran en una armoniosa mezcla. Yuxtaposición única, donde las manchas de color alcanzan una amalgama de fluidez y solidez, de estructura y forma libre como de poesía y prosa…
Y, si bien la perspectiva no es un problema que atañe a su quehacer plástico, la sensación de inmensidad que crea en sus espacios, la sugieren. Su lenguaje logra situaciones oníricas: cuanto más tratamos de capturar algunos detalles, más inútiles se tornan nuestros intentos. Es precisamente en esta cualidad de incertidumbre y carencia de especificación en donde reside la personal sensibilidad de Yanine.
Sin embargo, muchas de sus pinturas tienen una cualidad calmante, y otras también despliegan una agitación sorpresiva. Ella sabe muy bien que esta contradicción es también esencia de la creación, y parte de la interpretación de su arte, en el que las tonalidades desempeñan un papel preponderante. Con una ligera mirada percibimos que el color es en esencia el recurso que permite distinguir las piezas del conjunto, sugerente universo que se desgrana en la frontera misma de lo real y lo imaginario.
Para llegar a conocer a Jeannine en toda su dimensión debemos caminar por los laberintos de su pintura y sortear el torrente de sentimientos y experiencias que emana de estas piezas como testimonio ineludible de un intenso contacto con el mundo interno-externo. Por eso debemos ver esta exposición como un autorretrato artístico, en el que no falta además un componente conceptual, reflexivo y sincero de lo que ella crea, con todo el amor y la verdad del mundo. Eso que nos enseña en su dimensión más real el oficio y la rica imaginación que le permite domar las formas caprichosas de su pincel y traerlas, transformadas en arte ante nosotros.

TONI PIÑERA
Mayo 2008